Cómo el cine llegó a los aviones: la historia del entretenimiento a bordo. Parte 2
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Cómo el cine llegó a los aviones: la historia del entretenimiento a bordo. Parte 2

Desde reproductores de casetes hasta streaming en smartphones: cómo en tres décadas el entretenimiento a bordo pasó de ser un lujo a un estándar en los viajes aéreos.

La posibilidad de ver películas durante el vuelo alguna vez pareció un verdadero milagro. Sin embargo, el avance tecnológico de la década de 1980 no solo cambió la industria del entretenimiento, sino también el enfoque mismo de los viajes aéreos. Las pantallas compartidas fueron reemplazadas por dispositivos personales, y con ellos, la libertad de elección.

En 1988, Northwest Airlines fue la primera en introducir un sistema de entretenimiento individual a bordo. Se instalaron pantallas de cristal líquido de aproximadamente tres pulgadas, unas cuatro veces más pequeñas que la pantalla de un smartphone moderno, en los respaldos de 119 asientos de un Boeing 747. Los pasajeros podían elegir uno de los seis canales utilizando un reproductor de video personal.

A pesar de sus modestas capacidades, la novedad causó furor entre los pasajeros. El desarrollador del sistema, la empresa Airvision, comenzó a reemplazar gradualmente los televisores de techo tradicionales por pantallas personales en aviones de fuselaje ancho.

Ese mismo año, British Airways equipó un Boeing 747 para clase económica con 126 pantallas de cuatro pulgadas. Poco después, en primera clase aparecieron reproductores de video en soportes especiales, y a los pasajeros se les ofrecía elegir entre 50 películas en casetes.

En el mercado se utilizaban dos sistemas principales. El primero, de FieldTech, incluía pantallas Toshiba y videograbadoras Kodak de formato Video8. El segundo, desarrollado por Avicom, utilizaba pantallas NEC y videograbadoras Sanyo.

Paralelamente, Virgin Atlantic y Japan Airlines comenzaron a entregar a los pasajeros de primera clase y clase ejecutiva reproductores de video portátiles Sony Video Walkman GV-8 y Sony Video Walkman GV-9. Estos dispositivos permitían ver películas en sus propios casetes o comprarlos directamente en el aeropuerto.

La solución también tenía aspectos controvertidos. Los pasajeros podían traer cualquier contenido, lo que planteaba preguntas sobre su idoneidad para los demás. Sin embargo, en clase económica, la mayoría seguía viendo una película para todos.

El verdadero avance ocurrió en 1998, cuando Panasonic presentó un sistema que permitía iniciar una película en cualquier momento, pausarla y rebobinarla. Esto marcó el comienzo de la era del video bajo demanda. El entretenimiento a bordo se volvió completamente digital en 2003 con el lanzamiento del sistema Panasonic eFX.

Este formato, una pantalla personal con la posibilidad de elegir contenido de forma independiente, se convirtió en algo habitual para los pasajeros de todo el mundo. Sin embargo, con el tiempo, los sistemas integrados comenzaron a ceder su lugar a los smartphones, tabletas y ordenadores portátiles.

En lugar de instalar costosas pantallas, las aerolíneas implementan cada vez más redes inalámbricas locales a través de las cuales los pasajeros acceden a películas y música en sus propios dispositivos. Una de las primeras en adoptar este modelo en 2011 fue Condor, y luego fue adoptado por las principales aerolíneas del mundo.

Este enfoque reduce costos, simplifica el mantenimiento y mejora la comodidad para los pasajeros.

En el mercado ruso, una solución similar la ofrece el complejo de hardware y software "Etbox", que proporciona acceso a una biblioteca de películas, música, juegos y revistas electrónicas.